viernes, 13 de febrero de 2026

My Toy

Hola, soy Tony, les escribo esta historia sobre mi experiencia con una chica bisexual. Primero hay algunas cosas que detallarles: Aún no era abiertamente bisexual, ya había pasado por mi primera época de experimentación que no salió nada bien, así que seguí con normalidad saliendo con chicas. A pesar de que los chicos siempre me han atraído, las cosas no salieron bien y desistí.

OK, conocí a esta chica, Tawny, en la preparatoria, le llevaba dos años. Ella me mandaba a buscar siempre con otras personas y me mandaba cartas, se veía muy dulce. Se puede decir que yo era popular, ya que era deportista y en la preparatoria se nos trataba como una especie en extinción. Esta chica era totalmente mi tipo: Caderas anchas, sonrisa preciosa, piel blanca, cabello largo, rubio y lacio, cintura pequeña y una personalidad encantadora.

Entre las tantas veces que me mandaba a buscar, recuerdo que fue en recreo, envió a dos de sus amigas. Los de cuarto año se ubicaban en el primer piso, los de quinto y sexto entre el segundo y el tercero; yo era del segundo piso, bajé y varios de sus compañeros estaban grabando, me pidió que fuera su novio o que por lo menos la tomara de la mano y pasáramos a la salida. Amé demasiado que tomara la iniciativa así que le respondí, que hablábamos a la salida. Eso de añadir la presión social para que las personas acepten me causa algo de conflicto, así que ni acepté ni la rechacé, me parece que fue la decisión más correcta.

En fin, esta chica lo era todo, me empezó a gustar muchísimo, había muchos rumores de que ella era lesbiana y eso a mí tampoco me molestaba, porque ella vestía siempre deportivo (lo cual igual no ocultaba el tremendo cuerpazo que se gastaba). Nunca he sido un chico de sentir inseguridades por las opiniones ajenas, lo que sí notaba es que había detalles de ella como que se quedaba viendo a veces chicas, pero con chicos sólo se fijaba en mí. Su grupo de amigas eran chicas que no estudiaban en la preparatoria, todas eran lesbianas; no me sacó de onda, pero al enterarme ya estaba asumiendo que ella era bi y no me sentía incómodo con eso, la verdad.

Ella era muy dulce, tomaba siempre la iniciativa, me pedía que la acompañara a la parada del bus, a veces la dejaba en la puerta de su casa, no me presentó nunca a su familia, pero llegué a conocer mucho sobre ella. Era muy caliente, pero también dulce y esa combinación me ponía muy mal, me encantaba, me manoseaba en el autobús mientras nos besábamos, pero siempre me besaba de una manera muy romántica y dulce.

Frecuentemente la acompañaba a su casa o a la parada del bus, cabe destacar que vivíamos muy lejos el uno del otro y a veces se me hacía demasiado tarde, pero no me importaba, el romance me tenía hipnotizado. Una de esas veces que la acompañé a esperar el bus, mientras hacíamos la cola para subir, no paraba de abrazarme, jugar con mi cabello (cosa que me encanta) y besarme mientras me acariciaba. Nunca me ha parecido correcto excederse con las muestras de amor en público, pero estaba muy cachondo.

"No te vayas", me dijo como por quinta vez.

"En serio me tengo que ir, amor", dije algo angustiado porque ya era tarde, pero no podía dejarla si me lo pedía tan dulcemente.

"Pero quiero que me acompañes, te quiero conmigo", dijo metiendo una de sus manos bajo mi suéter y mi camisa, acariciándome el abdomen (hacía muchos abdominales y ejercicio constantemente, cuerpo delgado, por lo que mi abdomen estaba marcado), eso me prendía mucho y ella lo sabía.

Me limité a ver a los lados y ya no había nadie, toda la cola había avanzado y había un bus esperando así que le sugerí que subiéramos y me beso contenta (su brillo labial de cerezas era delicioso). Nos sentamos en los últimos puestos y luego de unos besos muy lentos, sin darme cuenta estaba realmente duro, ella no dejaba de sonreír mientras nos besábamos. ¿Quién diría que una persona tan dulce sería tan cachonda? Aún no llegaba mucha gente así que además de nosotros había unos siete pasajeros en los puestos de adelante, algo que aprovechó para demostrarme porque las mujeres bisexuales son las criaturas más sexis, calientes y apasionantes.

"Amor, tengo frío". No paraba de ver mi bulto, ni lo disimulaba y pues mis atributos estaban a su disposición cuando quisiera, así que no debía tampoco disimular, me quite el suéter y ella se lo puso.

Se sentó mucho más cerca, casi ocupábamos un mismo asiento, sus piernas encima de mi pierna derecha, su brazo derecho por detrás de mi espalda, y de pronto, mientras nos mirábamos a los ojos, su mano izquierda se posó sobre mi erección que los pantalones y bóxeres no lograban ocultar. Estaba fuera de mí, no pude evitar un leve quejido, así que empecé a tomar respiraciones más profundas y controladas. Ella sonreía maliciosamente y comenzó a besar mi cuello, yo la dejé hacer lo que quisiera, en este punto ya no quería pensar en nada más que ella y su cuerpo sobre el mío.

"Mi casa esta sola, por eso te insistía, quiero que mi novio sea mi juguete sexual esta noche". Ella tenía varios juguetes sexuales, me contó una vez que hablábamos de su virginidad. "Quiero un juguete de carne en mi vagina mojada", me susurró y no pude hacer más que tragar notablemente y acercarla para besarla con lengua.

"Y yo quiero ver que vas a hacer con toda esta carne", dije sonriendo, tomando su mano y posándola sobre mi bulto, la guíe y lo masajeamos juntos. "Pero deberíamos parar amor, quiero que esto sea todo tuyo cuando lleguemos".

Tardamos un rato más antes de que el bus arrancara con unos pocos pasajeros, en el transcurso sólo nos abrazamos y nos besamos. Una vez llegamos y nos bajamos, comenzamos a caminar hacia su residencia.

"Amor, los vecinos son muy chismosos. Primero voy a entrar yo, tú espera un rato en la acera de frente y si no te abre algún vecino, yo abro", me dice y yo obedecí.

Al rato que ella entró, fue hasta la reja del edificio y un vecino abrió, entré y la llamé, me indicó que vivía en el piso 2 así que subí y allí estaba esperándome.

" ¿Lo conozco? Usted no vive en este edificio", me dice.

"Estoy algo perdido y hambriento, ¿me ayudarías?", le respondí siguiéndole el juego.

"Claro, pase", me guiña el ojo y abre la puerta del departamento señalándome que entre.

Ella era virgen, y también yo era su primer novio, lo cual era algo extraño debido a que la mayoría a esa edad habíamos tenido por lo menos un novio o novia, pero no quería hacer juzgamientos. Ella me tomó de la mano y me llevó hasta la sala, estaba fría y temblando, ahora fui yo quien la guió, la llevé hasta el mueble, nos quitamos los bolsos y los dejamos en la mesa. Me senté con las piernas abiertas y con mis manos le hice la señal para que se sentara en el piso entre el espacio que dejaron mis piernas.

"Estas muy tensa, déjame ayudarte", ella se sentó en el piso donde le indiqué, toda su confianza y calentura pareció haber sido superada por sus nervios. Puse ambas manos sobre sus hombros y comencé a masajear en círculos frotando lentamente mis dedos en ella. "Relájate", le digo tomándola suavemente desde el cuello y poniendo su cabeza hacia atrás para besarla suavemente; su tensión se estaba disipando.

Dejé de besarla y seguí masajeando, bajando lentamente por sus brazos, preguntándole si le gustaba.

"Bueno, es mi primera vez en todo, lo estás haciendo ser especial", dice y me conmovió mucho su respuesta. Nunca entendí como una chica tan dulce, hermosa y con un cuerpo como ese nunca había sido tocada o valorada antes.

"Bien, esos cabrones no saben de lo que se han perdido". Me comencé a inclinar mientras le masajeaba el cuello, comencé a besarla empezando por la frente, sus ojos estaban cerrados y gemía en voz baja, le estaba encantando. Seguí bajando y comencé a besar su cuello, posé mis manos encima de sus senos.

" ¿Amor, puedo tocarte aquí?", la miré como un niño pidiendo juguetes a sus padres en el supermercado.

"Claro amor, si me sigues tocando así me vas a hacer mojar mucho". Abrió los ojos y con mis dedos suavemente los cerré de nuevo.

La empecé a besar de nuevo mientras masajeaba sus senos lentamente, me prendió mucho como me gemía en la boca y metí mi lengua para hacer el beso más caliente.

"Espera, espera, ya va", me dice y paro en seguida, abriendo los ojos. No estaba tensa, pero me sacó de onda como lo dijo; se paró, se acercó y puso mis manos sobre su hermosa cinturita mientras se sentaba sobre mis muslos, tomó mi cara con ambas manos y me comenzó a besar con mucha hambre. Mi erección estaba volviendo a formarse y por lo cerca que estaba de mí, claramente lo pudo sentir.

Comenzó a besar mi cuello y a chupármelo, se me escapaban los gemidos también. Puse ambas manos sobre su enorme trasero y comencé a darle suaves nalgadas, ella respondió intentando quitarme la camisa, la ayudé y lanzó la camisa a un lado del mueble. Se quitó mi suéter y comenzó a desabrochar su sostén aún con el uniforme de la escuela puesto, se lo quitó y lo arrojó también, aproveché para meter mis manos bajo la camisa y empezar a jugar con sus pezones.

"Qué rico amor, me encanta como me tocas", me dijo.

"A él le encanta como tu juegas conmigo", le dije señalando con mis labios a mi paquete que ya era imposible de ocultar. "Hay algo que quiero hacer, ¿me dejarías tocarte allá abajo?", dije y ella se limitó a asentir, dejé de jugar con sus pezones y con mis dedos cerré sus ojos luego llevando mis manos a su pantalón.

Desabroché los pantalones y noté sus hermosos pantis con encaje. Comencé a frotar con dos dedos sus partes íntimas sobre la ropa interior y ella se estaba mordiendo los labios, de pronto se bajó encima de mí y se quitó los zapatos, las medias y el pantalón.

"Vamos a mi cuarto, quiero sentir eso dentro de mí", pone su mano sobre mi bulto y me lleva desde la sala a su cuarto, tomado desde allí. Me lanzo a su cama con las piernas bien abiertas sobre el borde de la cama y le hago señas para que me quite el pantalón y obedeció, nerviosa, quitándome primero los zapatos, luego el pantalón, dejándome solo en medias y bóxeres. Me veía tímida, como preguntándome qué seguía ahora.

"Quiero masturbarte amor, cambiemos por favor", me bajo de la cama y ella me hace caso, sentándose en la cama, y como la veía nerviosa de nuevo, me acerco. La miro a los ojos y empiezo a besarla de nuevo. "Si no quieres hacer esto, está bien amor, no hay ningún problema", le digo viéndola a los ojos.

"Sí quiero, solo estoy algo nerviosa". Tomo sus manos y las pongo sobre mi pecho, haciendo que me tocara y comenzó a hacerlo sin que la guiara.

"Todo esto es tuyo, que todo tu cuerpo lo entienda", le dije entre besos. Sus manos llegaron a mi bulto y comenzó a masajear mis bolas y mi pene, a cambio, comencé a masajear de nuevo su vagina sobre los pantis, las cuales estaban mojadas.

"¿Todo mío?", sonríe metiendo la mano dentro de mis bóxeres.

"Ah, sí, amor, espera". Estaba tirando del prepucio muy fuerte y ella paró. "Más suave, la tengo muy sensible".

"Está muy dura amor, déjame verla". Me aparte un poco y puse sus manos sobre ambos lados de mi bóxer para que ella misma los bajara, lo hizo lentamente y se limitó a ver como mi verga dura bailaba libre de mis bóxeres.

"¿Te gusta?". Sólo la apreciaba y se lamía los labios. Me acerqué más, haciéndole gestos para que la tocara. "Lento amor, retira el prepucio lento", lo hizo, revelando mi rosado prepucio que estaba soltando gotas de precum.

"Quiero probarla". Asentí y tomó las gotas de líquido preseminal entre sus dedos y llevándolo a su boca, con mi mano la guíe para que apretara mi pene y soltara así más precum. "Que rica está".

"Quiero comértela, amor", cije y suelta mi verga para quitarse los pantis. El hambre se apoderó de mí y me agaché para abrir sus piernas y apreciar de cerca esa vagina preciosa. Sin pensarlo dos veces, empecé a pasar mi lengua de abajo a arriba, mientras la miraba a los ojos, ella estaba algo tensa de nuevo. "¿Quieres que siga?", le digo, parando, ella asiente, pero sin embargo paro, me levanto y comienzo a besarla de nuevo. Tenía que tener paciencia, la primera vez es muy importante para muchas personas.

Ella comenzó a soltarse y relajarse más, y yo comencé a besar todo su cuerpo. Comencé por el cuello, le quité la camisa para lamer sus pezones y seguí bajando, llegué a sus piernas y terminé en sus pies, lamiéndolos y besándolos. Ella comenzó a tocarse con los ojos cerrados.

"Amor, métela", me dice eufórica y yo estallo en carcajadas, dejando de lamer sus pies, ella comienza a reír conmigo. "¿Qué?"

"Hay que preparar el terreno amor, para que entre fácil y lo disfrutes", le dije y antes de que preguntara a que me refería, comencé a comerme su hermosa flor. Ella se limitó a verme fijamente y gemir, abrí los ojos para ver cuanto lo disfrutaba y empecé a masturbarme.

"Qué rico… sí… sigue así…" Temblaba de placer, era su primera vez y ella parecía disfrutarlo. "Amor, quiero decirte algo", dice muy seria y yo dejé de chupársela.

"¿Sí?"

"Creo que también me gustan las chicas", dice muy seria y vulnerable.

"No hay nada malo en eso, mientras tengas tanta hambre de mí, hermosa", le digo besándola en los labios de la vagina. Ella responde tomándome del cabello y hundiéndome la cara en su deliciosa vagina, la cual comencé a comer con más fiereza.

"Que rico me la comes, amor", dice arqueando la espalda.

"Ahora te toca, amor", digo mientras dejo un trazo de saliva entre su flor y mis labios. Me paro para señalarle a qué me refería y ella me indica que me siente en la cama, lo hago y me recuesto con la espalda en el copete de la cama. Ella se acerca como una pantera cazando a su presa y le hago señas para que retire lentamente el prepucio y lo hace, luciendo maravillada.

"Amor, es muy gruesa, creo que más que mi juguete favorito", dice jugando con mi prepucio, deslizándolo arriba y abajo.

"Ahora este es tu juguete favorito". Agarro mi propio pene y lo contoneo frente a ella y reímos juntos. Ella va hasta su closet y saca un juguete entre sus cosas y, ciertamente mi verga le ganaba. "Una victoria para mí", digo mientras sonrío.

"Bueno, parece que tenemos un ganador aquí", dice tomando con una mano el juguete y con otra mi verga.

"Ven y cómetela", le dije, meneando con mis caderas mi erecta verga. Ella se acercó lentamente y empezó lamiendo mi glande y yo solté un gemido, ella siguió mientras sonreía y comenzó a meter mi glande en su boca.

"Amor, los dientes, espera…" Le expliqué que tenía que abrir más la boca, ella asintió y comenzó de nuevo, esta vez comenzando a acariciarme, lo que me encantó. Recogí su cabello y lo mantuve atrás con mis manos, haciéndole caricias dulcemente. Ella tenía los ojos cerrados.

"Bien, bien amor, lo estás haciendo bien". Con una mano mantenía su cabello atrás y con la otra acaricié su mejilla lentamente. Ella comenzó a hacer ese ruido de estar ahogándose y le saqué la verga de la boca, abrió los ojos y la saliva que chorreaba de su boca la tomé con el pulgar y lo metí en su boca, ella me miró dulcemente con expectativa. Yo fui hasta la sala y busqué en mi bolso el condón, lo abrí y le indiqué como tenía que ponérmelo. Me lo puso y le indiqué que se acostara boca arriba, coloqué una almohada bajo su culo y me agaché a comer de nuevo su deliciosa vagina.

"Amor, ¿tienes lubricante?", digo parando de comer ese manjar entre sus piernas. Me señala uno de los cajones del armario, lo abro y allí lo encuentro. Aplico un poco en mi pene y un poco en su vagina mientras la masajeo, ella respondió gimiendo. "Amor, voy meter mis dedos", ella asiente y me pide que me incline, lo hago y comienza a besarme con lengua.

"Quiero esa vergota adentro, apresúrate", me susurra, su aliento estaba ardiente. De pronto lamió mi oreja y al acercarme a besarla, me mordió el labio, estaba fuera de sí, y este lado de ella me encantaba. Comencé metiendo mi índice lentamente y masajeando las paredes de su flor, luego metí dos dedos y comenzó a arquearse.

"¿Te gusta?", le digo sonriente.

"No pares".

Seguí metiendo mis dedos y, al cabo de un rato tomé más lubricante y lo froté por toda su entrepierna y vagina en un masaje lento. Comencé a acercarme para meterle mi toda esa dura erección y ella enganchó sus piernas alrededor de mis caderas y la detuve.

"Lento, tienes que tomarlo con calma", le dije y paró de atraerme. Fui metiendo mi pito progresivamente, primero el glande y paré para ver su reacción. Ella sonreía, comencé a meter el tronco, llegando hasta la mitad de mi miembro dentro.

"Aaah, que verga tan gruesa, vas a hacer que acabe", dice casi rogando. Yo la saco, masajeo de nuevo su atributo y la meto, esta vez más rápido hasta la mitad. La veo y ella me aprieta con sus piernas.

"Cálmate, no apreste amor, quiero que la sientas un buen rato", dije y se relajó acercándome con sus piernas y logro meterla toda en su vagina, gimiendo descontrolada. Yo la dejo adentro y me inclino escupiendo en su boca, ella traga la saliva y me acerca para besarme.

"¿Donde estuviste todo este tiempo?", me dice con los ojos llorosos y respondo dándole un beso en la frente. Empiezo a sacársela y meterla lento, mientras nos veíamos a los ojos. Empecé a meterla y sacarla rápido y ella temblaba de placer.

"¡COÑO, PÁRTEME EN DOS, PAPI!", grita en mis labios y aceleré. El sonido de mis bolas chocando contra ella era notable y paré de golpe, quedando adentro de ella.

"Espera, ven, acuéstate". La miré confuso, pensé que no quería que la sacara, pero lo hago. Ella se tomó un buen momento para masturbarme y admirar mi trozo, cierro los ojos y de repente siento como algo húmedo se desliza por encima de mi ano, abro los ojos y allí estaba, era una sensación nueva e increíble a la que respondí abriendo más las piernas y posicionándome bien. Ella devoró mi ano y comenzó a masturbarme con dos manos.

"Qué rico… sigue…" le digo, gimiendo con los ojos cerrados.

"¿Te gusta?", me pregunta y yo asentí colocando las manos detrás de mi cabeza. Estaba en el cielo. Luego de un rato para y le indico que se siente; al hacerlo, tomo su juguete, le aplico lubricante y se lo empiezo a introducir por la vagina que estaba muy mojada y jugosa. Ella sonreía de placer.

"Amor, estoy cerca… estoy muy cerca…", me dice.

"Este juguete no merece ese premio", le digo sacándolo y metiendo mi verga rápidamente. Ese sonido me excitaba muchísimo. "Este trozo si te va ayudar a venirte".

Se la saco y me acuesto en la cama poniendo ambas manos detrás de la cabeza.

"Métela tú misma, cabálgame", le dije y ella pareció pensarlo un momento, pero se posicionó y comenzó a meterla ella sola. Yo me limité a observarla sonriendo, ella sonrió de vuelta y comenzó a montarme. "Qué rica tienes esa totona, amor". La guié tomándola por las caderas y comencé a mover las mías para complementar el ritmo y ella empezó a gemir viendo como la penetraba.

"Cambiemos", le digo sin apartar su vagina de mi verga, estábamos de frente, comienzo a realizar un vaivén lento hasta metérsela profundamente y paré.

"Me vengo amor, voy a acabar". Saco mi verga y comienzo a masturbarla hasta que suelta ese líquido sobre mis manos y la cama. Pensé que iba a brotar más y de manera más fuerte, pero no fue así, lamo el fluido de mi mano y le paso la lengua y quedo esperando su reacción.

"Qué rico mi nuevo juguete, ahora te toca a ti". Me acuesto relajado y comienza a pasar sus labios sobre mi pené, moviéndolos de arriba abajo. "Amor, ya casi acabo". Ella me mira, sonríe y mete mi miembro en su boca, lo engulle de nuevo hasta la mitad y lo saca ahogada, comienza a frotar rápidamente con sus manos hasta que al cabo de unos segundos acabo, lanzando un gran chorro de esperma que cae en mi cara, en la cama y en el piso.

"Tu juguete favorito, ¿no?", le digo con espasmos ya que seguía masturbándome, meneando mi trozo en círculos.

"El mejor juguete, ahora es mío", me dice sonriente. Vamos a bañarnos, nos besamos y me despido, era realmente tarde y de seguro iba a ganarme un castigo con mi madre por la hora en la que iba a llegar, pero valía la pena. Hice que por primera vez una chica acabara y estaba orgulloso.